Me levanté para no olvidar es el título de la muestra que alberga la obra pictórica de Raquel Schwartz, creada en la soledad de su taller en estos últimos meses del año 2020.
Menciono el periodo de tiempo -últimos meses- y el lugar de creación -soledad y taller- (que posiblemente en otra circunstancia no hubiesen sido trascendentales), porque son determinantes para la viabilidad de un recorrido por lo importante que nos ofrece la vida.
Las circunstancias confinan a Raquel a un viaje interior; en un principio forzado y después voluntario, -tanto que ya no quiere alejarse de él- y es en ese tiempo y en ese lugar que ella busca y vislumbra algo que podría llamarse profundidad, autenticidad.
Schwartz toma de su entorno la esencia de la naturaleza selvática fusionada con un sentir del cosmos; con colores fuertes y trazos llenos de energía que permiten que visitemos un mundo que posiblemente está siempre al alcance de nuestras manos, pero que sin embargo no logramos asir.
Su necesidad de creación impresiona, y es comprensible en la medida en que ella logra despertar de aquel sueño que llamamos realidad, para entrar en un mundo interior donde encuentra a través de la pintura, algo parecido a la verdad.
Cecilia Lampo, co curadora
Exposición de más de 47 obras realizadas en tiempo de confinamiento (covid-19)






